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ActualizadasGuerra ajena, bolsillo propio: cómo blindar tus ahorros antes de que sea demasiado tarde
El 28 de febrero de 2026, los primeros bombardeos sobre Irán hicieron algo que ningún comunicado de la Reserva Federal había logrado en meses: mover el precio del petróleo casi 50% en pocas semanas. El Brent, que comenzó el año por debajo de los 70 dólares por barril, tocó los 115 dólares a mediados de marzo, impulsado por el cierre selectivo del estrecho de Ormuz, el canal por donde transita habitualmente una quinta parte del petróleo mundial.
Para el ahorrista argentino, la primera reacción suele ser la indiferencia: lo que pasa en el Golfo parece no tener nada que ver con lo que pasa en su cuenta bancaria. Irán queda lejos, el estrecho de Ormuz no aparece en los mapas del inversor local, y la historia reciente acostumbra a procesar los shocks externos como ruido de fondo antes que como señales concretas. Esa distancia, sin embargo, es una ilusión que la economía castiga con puntualidad: los mecanismos de transmisión entre un conflicto en el Golfo Pérsico y el costo de vida en Buenos Aires no son teóricos, sino que tienen antecedentes documentados y siguen una secuencia que conviene entender antes de que llegue la onda.
En la columna de hoy analizaremos potenciales escenarios de contagio y que puede hacer un inversor precavido para comenzar a blindar sus ahorros en el presente. ¡Comencemos!
La cadena que conecta el Golfo con el surtidor
El petróleo no es solo combustible; es insumo de transporte, de fertilizantes, de plásticos y de la logística que sostiene cualquier cadena de distribución, lo que significa que su precio se filtra en el costo de prácticamente cualquier bien que requiera moverse de un lugar a otro. Cuando en 1973 el embargo árabe disparó el crudo, la inflación de doble dígito que siguió en el mundo occidental no fue un accidente sectorial sino la consecuencia directa de encarecer simultáneamente el traslado de todos los bienes. El segundo episodio grave, la crisis de 1979 desencadenada por la revolución iraní, repitió la secuencia con la misma lógica y llevó a la Reserva Federal de Paul Volcker a subir las tasas por encima del 20% para contener el espiral inflacionario. El corolario de esa decisión fue una recesión global, una salida masiva de capitales de los países en desarrollo y una crisis de deuda que sacudió a toda América Latina en los años siguientes, mucho después de que los cañones del Golfo se hubieran silenciado.
El episodio de 2022, cuando la invasión rusa a Ucrania llevó el barril momentáneamente por encima de los 100 dólares, actualizó la misma cadena en cámara rápida: la inflación global se aceleró, la Fed respondió con la suba de tasas más agresiva en cuatro décadas, el dólar se fortaleció, y los capitales emigraron de los mercados emergentes.

En Argentina, ese ciclo se tradujo en ampliación de la brecha cambiaria y deterioro de las condiciones de financiamiento externo en exactamente el período en que la Fed aceleraba sus ajustes. La secuencia no es una coincidencia; es un mecanismo: petróleo caro produce inflación, la inflación produce suba de tasas en Estados Unidos, la suba de tasas fortalece el dólar, el dólar fuerte expulsa capitales de emergentes y presiona sus monedas. Cada vez que ese ciclo se activó en los últimos cincuenta años, los países con reservas escasas y deuda en moneda extranjera pagaron un costo desproporcionado respecto de su participación en el conflicto original.
El escenario actual presenta una complejidad adicional que los análisis de corto plazo tienden a subestimar. La zona afectada por la guerra no solo incluye a Irán sino también a instalaciones energéticas clave de Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos, que son precisamente los países que en crisis anteriores aportaban la capacidad excedente para compensar disrupciones y limitar las subas de precios. Esa capacidad de amortiguación no está disponible esta vez con la misma profundidad, lo que convierte cada escalada militar en un evento de impacto directo sobre los precios con menor margen de absorción que en episodios anteriores.
Frente a ese diagnóstico, ya hay señales concretas de traslado: en Estados Unidos el diésel superó los cinco dólares por galón, comenzando a encarecer cualquier bien que requiera transporte; en Argentina, los combustibles subieron cerca de un 10% en marzo, un ajuste que los economistas estiman en alrededor de medio punto adicional de inflación mensual en un contexto donde la desaceleración de precios era el principal activo político del gobierno.
Como se ve, la pregunta relevante no es si el conflicto llegará a afectar los ahorros del inversor argentino, sino más bien si cuando eso indefectiblemente ocurra estará a tiempo de hacer algo al respecto.

El inversor argentino frente al shock: qué hacer antes de que llegue la ola
Entender la cadena de transmisión es útil; saber cómo posicionarse frente a ella es lo que marca la diferencia entre quien absorbe el impacto y quien logra, al menos parcialmente, anticiparlo. Pero el shock petrolero actual no presenta un único escenario sino un abanico de posibilidades con distintas implicancias para el portafolio, y la respuesta más inteligente no es apostar por uno solo sino construir una estructura que funcione razonablemente bien en varios de ellos.
El primer movimiento es el más elemental y el más postergado: aumentar la exposición a activos dolarizados antes de que una eventual salida de capitales de emergentes obligue a hacerlo a precios peores. En un contexto donde la Fed podría retomar una postura más restrictiva para contener la inflación global, el dólar tiende a fortalecerse y los activos en pesos pierden atractivo relativo con rapidez, con lo cual cubrirse en ese escenario no es especulación sino la decisión que cualquier manual de gestión de riesgo recomendaría, y la ventana para hacerlo en condiciones razonables no permanece abierta indefinidamente.
El segundo movimiento apunta a capturar el lado positivo del shock: las acciones del sector energético local (Vista, Pampa Energía, YPF) tienen una exposición directa al precio internacional del barril y pueden beneficiarse de un entorno de crudo caro de forma más inmediata que la economía en su conjunto. Conviene, sin embargo, incorporar dos factores de riesgo específicos antes de tomar posición: el primero es la regulación del precio interno del crudo, que históricamente generó fricciones entre las petroleras y el gobierno cuando la brecha con el precio internacional se amplió; el segundo es la limitación logística ya mencionada, que restringe la capacidad exportadora hasta que el nuevo oleoducto entre en operación en julio.

El tercero, menos evidente pero quizás el más urgente para quien tiene una proporción significativa de sus ahorros en instrumentos de renta fija en pesos, es revisar esa exposición con la inflación como variable central. Si el rebote inflacionario generado por el canal de los combustibles resulta más persistente de lo que los modelos oficiales proyectan, esos instrumentos pierden en términos reales con la misma velocidad con que el mercado tarda en actualizar sus estimaciones; reducir esa exposición antes de que los datos confirmen el deterioro es, en este caso, preferible a esperar certeza.
En este contexto, los instrumentos atados a inflación (plazos fijos que ajusten por UVA, bonos del gobierno con CER, etc…) vuelven a ganar atractivo.
Conclusión y aclaración
Ninguno de estos escenarios es inevitable, y decirlo con la misma precisión con que se describen los riesgos forma parte del análisis honesto. El factor político agrega una variable que el mercado no siempre pondera con precisión: noviembre trae elecciones de medio término en Estados Unidos, la nafta cara es el indicador de bienestar más visible para el votante americano promedio, y Donald Trump tiene incentivos concretos para cerrar el conflicto antes de que se convierta en el eje de la campaña opositora.
La pregunta abierta es si Irán, que en los últimos días sumó a sus condiciones de paz el reconocimiento de su soberanía sobre el propio estrecho de Ormuz, le permitirá a Washington esa salida ordenada antes de las urnas.
Lo que esta columna busca dejar instalado no es una predicción sobre el precio del barril sino una metodología de lectura: los shocks externos no avisan, pero trazan una secuencia de causas y efectos que quienes entienden la cadena pueden anticipar antes de que el impacto se haga visible en las variables cotidianas.
El estrecho de Ormuz no aparece en el mapa del ahorrista porteño, pero la nafta que carga el camión que abastece al supermercado de la esquina podría pasar por ahí, con una regularidad que ninguna distancia geográfica logra interrumpir. Conocer ese trayecto no garantiza protección automática, pero es el primer paso para dejar de ser espectador de un proceso que ya está redefiniendo el valor real de los ahorros. La seguimos la semana próxima con más material de finanzas personales e inversiones.
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Estudiamos a los tiradores masivos: algo aterrador está pasando en Internet
Hasta hace poco, si nos hubieran pedido perfilar a un tirador masivo típico lo habríamos descrito como un hombre de mediana edad, socialmente aislado y sumido en la desesperación. No estaba atrapado por una ideología política ni padecía una condición de salud mental como la esquizofrenia. Más bien estaba profundamente abatido por una crisis vital, quizá un divorcio o la pérdida del trabajo. Al atacar un lugar de trabajo o a un grupo de personas a quienes culpaba de sus problemas estaba a la vez cobrando venganza y, en los hechos o literalmente, suicidándose.
En los últimos años, algo cambió. Estamos presenciando la aparición de un paradigma distinto: un tirador masivo igual de desesperado frente a las dificultades de la vida, pero más joven, altamente conectado a redes sociales en línea y aparentemente convencido de que, al actuar violentamente, él o ella está llevando a cabo el único acto significativo posible en un mundo por lo demás carente de sentido. Este giro es muy significativo para comprender las patologías alimentadas por internet que afligen a nuestra sociedad y para las políticas que podrían ayudar a prevenir tragedias como estas.
Consideremos un ejemplo reciente. El mes pasado, en Tumbler Ridge, Columbia Británica, una joven de 18 años mató a su madre y a su medio hermano en su casa y luego abrió fuego en una escuela secundaria a la que había asistido, matando a cinco estudiantes y a una educadora.
Tras el tiroteo, entre las evidencias esperables de la desesperación de la atacante, apareció un rastro alarmante de actividad online: en Roblox, una plataforma de juegos, la tiradora había creado un juego que simulaba un tiroteo masivo; en su cuenta de TikTok, según se informó, había republicado videos de un tirador masivo; pertenecía a un foro gore donde los usuarios pueden publicar videos de violencia sin censura, un espacio frecuentado por otros asesinos masivos; y había visitado el perfil en línea de una chica de 15 años que mató a dos personas en la Abundant Life Christian School, en Madison, Wisconsin, en 2024.
La subcultura a la que pertenecía esta tiradora se conoce como la comunidad del crimen real: True Crime Community. Existe en plataformas como Tumblr, Telegram, Discord, TikTok y Roblox y celebra a los asesinos masivos.
Allí, los autores de la masacre de Columbine son tema de fan art, los tiradores masivos obtienen estatus de “santos”, y el material de los ataques se archiva y se analiza cuadro por cuadro. El contenido infractor suele ser dado de baja por las plataformas por violar sus términos de servicio, pero a menudo reaparece en nuevas formas en cuestión de horas, muchas veces con códigos. (“Going E.R.”, por ejemplo, se refiere a la violencia incel.) Estamos viendo que los varones suelen llegar a esta comunidad a través de foros gore; las chicas, a través de comunidades vinculadas a trastornos alimentarios.
Al menos siete tiroteos escolares en los Estados Unidos desde 2024 hasta el otoño pasado han estado vinculados a la True Crime Community, según investigadores del Institute for Strategic Dialogue. Pese a la atención que concitan los tiroteos masivos, siguen siendo poco frecuentes, así que incluso un puñado de ejemplos de este tipo es significativo.
La muerte como reafirmación personal
Lo que la comunidad de crimen real hizo, en los hechos, fue tomar la desesperación que siempre caracterizó a los tiroteos masivos y darle un guion performativo. La True Crime Community convierte el dolor privado en una narrativa pública: otros también se sintieron como vos, y mirá lo que hicieron. Mirá cómo todo el mundo los recuerda.
En agosto del año pasado, una joven de 23 años disparó a través de las ventanas de la Iglesia Católica de la Anunciación (Annunciation Catholic Church) en Minneápolis durante la misa: mató a dos chicos e hirió a más de 20 personas. Las inscripciones en sus armas contaban la historia de la comunidad online de la que había formado parte: había una cita atribuida a los tiradores de Columbine y un texto en cirílico aparentemente copiado de la remera de un tirador escolar en Crimea. También había un diario en línea, mostrado en un canal de YouTube con un video que calificaba el ataque como su “obra maestra”.
Esto es característico del giro performativo de la violencia masiva. El tirador pasa a ser el personaje principal de una historia que la True Crime Community viene escribiendo colectivamente desde hace años, y el ataque es el clímax: tanto la culminación del nihilismo (nada importa) como, de algún modo, su superación imaginada a través de la violencia (esto importa).
El efecto copycat
La violencia no es un medio para llegar a un fin. Es el fin. Los tiradores no están tratando de cambiar el mundo. Están tratando de ser vistos en él, una última vez, en términos que ellos controlan.
Siempre existieron asesinos imitadores, pero esto está en otro nivel: asesinatos por imitación alimentados por el poder viral de la cultura “meme”. La tiradora de 15 años en Madison, en 2024, por ejemplo, se convirtió rápidamente en un ícono de la True Crime Community: un chico de 17 años que cometió un tiroteo escolar en Nashville en 2025 y que parece haber sido un asociado online de la tiradora de Madison se refirió a ella en internet antes de su ataque. Del mismo modo, la atacante de Minneapolis en 2025 escribió el nombre de la tiradora de Madison en su rifle.
Antes, internet era simplemente un lugar que uno visitaba para aprender cosas. Ahora, te aprende a vos. Si sos un adolescente en crisis, no necesitás salir a buscar material oscuro: los algoritmos estudian en qué te quedás mirando y te sirven más contenido parecido. Un falso documental de “metraje encontrado” sobre Columbine podría llevarte a un hilo relacionado en Reddit, que podría llevarte a una edición de fan en Tumblr, que podría llevarte a un canal de Telegram donde alguien publica planos de una escuela local (“solo arquitectura interesante”). Todos se ríen. Es irónico. Hasta que deja de serlo.
Algoritmos preventivos
No existe una única solución de política pública para los tiroteos masivos. Es un problema complejo que requiere mejores recursos para orientadores escolares y equipos de evaluación de amenazas, y mejores prácticas de incautación de armas de fuego durante crisis de salud mental.
Pero las plataformas online también tienen que ser más vigilantes. Antes del tiroteo de Tumbler Ridge, la tiradora había tenido conversaciones con ChatGPT que fueron señaladas por los sistemas automatizados de OpenAI por describir escenarios que involucraban violencia armada. Según informes, alrededor de una docena de empleados debatieron si alertar a las fuerzas de seguridad. Decidieron no hacerlo. La cuenta fue bloqueada, pero nadie llamó a la policía.
Si empresas como TikTok pueden identificar un sonido o una imagen en tendencia en segundos, presumiblemente pueden construir sistemas para detectar mejor la glorificación de la violencia, ralentizar la redifusión de material de ataques e impedir que contenido violento conocido resurja. Ya son muy eficaces monitoreando contenido de esta manera ante posibles infracciones de derechos de autor.
En una economía de la atención, lo que miramos y lo que alentamos a otros a mirar son actos inevitablemente consecuentes. Cada vez que ponemos el foco en los tiradores, ayudamos a completar su performance. En algún lugar, ahora mismo, un adolescente está sentado a solas, deslizando el dedo por un feed que aprendió exactamente qué es lo que él o ella está buscando. El algoritmo lo sabe. La pregunta es si el resto de nosotros actuará en función de lo que también sabemos.
- El Dr. James Densley es profesor de criminología y Justicia penal en Metro State University. La Dra. Jillian Peterson es profesora de criminología en Hamline University. Son fundadores del Violence Prevention Project Research Center y autores de The Violence Project: How to Stop a Mass Shooting Epidemic. Llevan una década estudiando los tiroteos masivos.
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Catalejo: un saludo
El estadio queda en silencio, entra en trance y arranca la música. No es solo un holograma la sensación de la noche, sino los recuerdos y la nostalgia de todo lo vivido. Y, en ese escenario también aparecen dos músicos que se escudan en la tecnología; mudos. Pero están vivos y muchos de sus fans se emocionan por lo que fue y lo que no volverá a ser jamás. Casi todos llegaron al estadio recordando muchas frases y aquel inolvidable “gracias totales” que le puso fin a la travesura musical que fue Soda Stereo. En la pantalla y en la memoria, Gustavo Cerati va ser siempre joven, va a tocar impecable y va a emocionar con sus giros poéticos. Sus simpatizantes contemporáneos intentan un pogo con articulaciones doloridas. La experiencia es inolvidable. Sin embargo, a la noche le falta algo imprescindible: un saludo de bienvenida, un “buenas noches”, una palabra de aliento para enfrentar la ilusión musical o la explicación del formato propuesto. ¿Es un holograma? ¿Es una persona parecida a Cerati sobre la que se proyecta su rostro? ¿Es exactamente la misma ropa con la que él actuaba? No tendría que haber sido tan difícil tomar un micrófono y cerrar con un cálido: “Nosotros también lo extrañamos”.
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Juicio en Nuremberg: el detrás de escena de la película que rompió el silencio sobre el Holocausto en Hollywood
Apenas habían pasado 25 años del final de la Segunda Guerra Mundial cuando el productor y director Stanley Kramer decidió que era tiempo de llevar al cine uno de los hitos más importantes de la inmediata posguerra: los juicios celebrados en la ciudad de Nuremberg a varios miembros del Tercer Reich por crímenes de guerra. Los juicios se habían llevado a cabo entre 1945 y 1949 y habían marcado el final del equilibrio entre las fuerzas aliadas para dar paso a la naciente Guerra Fría. Eran el símbolo de un tiempo de concordia y de búsqueda de justicia internacional para los crímenes aberrantes que había dejado el Holocausto y la población mundial había descubierto con asombro y horror. Era una película necesaria para recordar esa gesta conjunta cuando nuevos conflictos asomaban con fuerza. Las palabras del juez estadounidense Dan Haywood, un veterano en las vísperas de su retiro interpretado por Spencer Tracy, dejan en claro el mensaje: “Hitler se ha ido, Goebbels se ha ido, Göring se ha ido; se suicidó antes de que pudieran ahorcarlo. Ahora nos toca juzgar a los médicos, empresarios y jueces. Aquellos que creen que ni siquiera deberían ser juzgados”.
El juicio más recordado de los de Nuremberg fue el de los principales criminales de guerra celebrado entre 1945 y 1946; la película trata sobre el juicio a los jueces, que en realidad tuvo lugar a lo largo de 1947. La fecha se ha cambiado por una razón: el proceso se contrapone con el golpe de Estado checo de 1948 y el inicio de la Guerra Fría. El verdadero juicio se centró en la labor de dieciséis jueces y fiscales que adoptaron y aplicaron leyes propiciando la esterilización sexual forzosa, y el encarcelamiento y ejecución de personas por su religión, identidad racial o étnica, creencias políticas y discapacidades físicas. Inspirado en una película emitida en la cadena ABC en 1959, el guion de Abby Mann se concentró en cuatro magistrados juzgados, un tribunal conducido por un prestigioso juez estadounidense, un fiscal severo e histriónico, y el abogado defensor de los criminales nazis que terminó siendo uno de los papeles más codiciados. La historia estaba por escribirse.
Los primeros pasos
A comienzos de los años 60, Stanley Kramer era uno de los directores de Hollywood asociados a un cine comprometido y de prestigio. Había estudiado abogacía antes de sumarse al equipo de guionista de la Fox para luego fundar una pequeña compañía con su socio Carl Foreman. Juntos produjeron El campeón (1949), de Mark Robson, con Kirk Douglas, y A la hora señalada (1951), de Fred Zinnemann, con Gary Cooper, pero las presiones del macartismo disolvieron la alianza y Kramer migró a contratos con otros estudios, a producciones como El motín del Caine (1954) que le valieron cierto éxito y reconocimiento. Cuando debutó como director, los temas importantes fueron su principal foco de interés: el rol de la profesión médica en su ópera prima No serás un extraño (1955), el racismo en Fuga en cadenas (1958), la guerra nuclear en La hora final (1959). A comienzos de los 60 tenía un contrato con la United Artists que se resistía a producir una película sobre Nuremberg por considerarla demasiado seria y difícil de comercializar. “Hice lo que para ellos parecía una concesión, pero era lo que ya tenía planeado. Prometí llenar el reparto con estrellas de tal magnitud que su presencia prácticamente garantizaría que la película no perdiera dinero”, explicaba Kramer en su libro It’s a Mad, Mad, Mad, Mad World: Life in Hollywood, publicado en 1997.

Sin embargo, pese a que el guion de Mann estaba ajustado a ese proyecto de envergadura en el que se integrarían varias estrellas, había otro obstáculo más que superar. Se estaba planeando una adaptación teatral de la obra de televisión para Londres y París que Kramer exigió postergar, y también tuvo que interponer una demanda contra un documental con un título similar, Veredicto de Nuremberg para que la película no quedara afectada por la coincidencia con historias similares. El director ya estaba familiarizado con la narrativa judicial porque apenas un año antes había filmado Heredarás el viento (1960), basada en un caso real ocurrido en el estado de Tennessee en 1925, en el que un profesor de ciencias es acusado de enseñar la teoría de Darwin en su clase y dos abogados, uno oficiando de fiscal y otro de defensor del maestro, argumentan a favor y en contra de esa disputa entre la evolución científica y la perspectiva religiosa. Entonces, Frederic March interpretaba al encendido fiscal Brady y Spencer Tracy al famoso abogado Henry Drummond. Kramer admiraba a Tracy y ya desde el momento de proyectar la película se preguntó qué papel podía interpretar el actor.
La elección de los actores

Elegido Tracy para interpretar al juez Haywood, Kramer ofreció el papel del juez Ernest Jennings, quien es juzgado por sus crímenes y lucha contra sus demonios, a Laurence Olivier, quien declinó la oferta para casarse con la actriz Joan Plowright y terminó reemplazado por Burt Lancaster, recientemente premiado con un Oscar por Elmer Gantry: Ni bendito ni maldito (1960), de Richard Brooks. Para interpretar al abogado defensor, Hans Rolfe, Kramer consideró a Marlon Brando, quien manifestó serio interés en el rol, pero cambió de opinión cuando descubrió la interpretación de Maximilian Schell en la película original que emitió el ciclo Playhouse 90 en 1956. Pese a ser prácticamente un desconocido, su trabajo resultó tan deslumbrante que el propio Spencer Tracy le dijo a su compañero de rodaje, Richard Widmark, que tenía que tener cuidado con ese joven porque venía a destronarlos. Finalmente, Schell ganó el Oscar como mejor actor.
Widmark fue el elegido para interpretar al fiscal, el coronel Ted Lawson, y como Kramer tenía fama de contratar actores de musical para papeles dramáticos -algo que había hecho con Frank Sinatra en No serás un extraño, Gene Kelly en Heredarás el viento y Fred Astaire en La hora final- terminó eligiendo a Judy Garland para interpretar a Irene Hoffman, una mujer aria acusada de tener una aventura con un hombre judío (una ficción basada en el caso Katzenberger de 1942). “Los mismos trastornos que dificultaban trabajar con ella encajaban a la perfección con el papel”, explicó Kramer tiempo después. Garland se encontraba en un momento difícil de su carrera luego de internaciones y despidos de los estudios. El primer día en el set, el elenco y el equipo la recibieron con un cálido y prolongado aplauso como homenaje a su regreso al cine. “¡Stanley, no puedo! Me he quedado sin lágrimas. Estoy demasiado feliz para llorar”, exclamó la actriz. Kramer la elogió ante la prensa: “No hay nadie en el mundo del espectáculo hoy en día, ni actor ni cantante, que pueda abarcar toda la gama de emociones, desde el patetismo más profundo hasta la fuerza... como ella”.
Algo similar podría decirse sobre el trabajo de Montgomery Cliff, elegido para interpretar a una víctima de esterilización forzada, Rudolph Petersen. “Necesitaba la palabra de alguien que fuera amable”, declaró Kramer, “alguien que reforzara constantemente su autoestima y le dijera que podía hacerlo”. El director le permitió improvisar, y cuando era interrogado en el estrado, podía recurrir a alguna palabra del guion que pareciera la respuesta emocional adecuada para “transmitir la confusión en la mente del personaje”, como explicaba el director. Para dar vida a la señora Bertholt, una aristócrata alemana cuyo marido fue ejecutado luego de la rendición, Kramer propuso a Marlene Dietrich, quien no solo había emigrado de Alemania a los Estados Unidos en los años previos al ascenso de Hitler al poder, sino que conocía personalmente al general cuya esposa interpretaba, lo que ayudó a profundizar su comprensión de las emociones de las víctimas de Hitler. “Compartir sus experiencias y temores le permitió ampliar la complejidad del personaje”, señaló el director.

La recreación del tribunal y las locaciones
Si bien apenas el 15% de la película se filmó en Alemania, la elección de las locaciones fue el paso siguiente. De entrada, se sabía que la sala del tribunal donde se había desarrollado el juicio no estaba disponible para alquilar ya que estaba en funcionamiento. Después de barajar varias opciones, Kramer y su equipo decidieron recrearla en estudio y por ello se mandaron a fotografiar los interiores y a tomar sus medidas correctas y precisas. El director y productor tenía un método muy minucioso de preproducción: disponía la construcción de todos los decorados seis semanas antes de comenzar el rodaje, se sentaba luego con su director de fotografía -en este caso Ernest Lazslo- y repasaba el guion escena por escena, definiendo la iluminación y las posiciones de la cámara. Recién después convocaba a los actores para mostrarles los escenarios, detallando entonces su proceso de rodaje y tomando en cuenta sus dudas y sugerencias. Una película como ésta “exigía ser filmada en orden cronológico”, explicó entonces Laszlo.
Abby Mann tuvo que ampliar el guion televisivo, trasladar algunas escenas de acción fuera de la sala del tribunal -en la residencia del juez, en calles abandonadas, en restaurantes- y evitar la sensación de teatro filmado que podía transmitirse. En la escena en la que Haywood se apura para tomar el próximo tranvía hacia la parte antigua de Nuremberg, al fondo se puede ver la mitad inferior de la famosa Frautentorturm, la entrada al Handwerkerhof y la Bahnhofsplatz, enclaves medievales que hoy se consideran atracciones turísticas. Los escombros y la tierra fueron colocados allí por el equipo para visualizar una Alemania de posguerra más realista ya que la historia transcurre en 1948. Las escenas del patio de la prisión se filmaron en Hollywood, ya que Burt Lancaster no quería filmar fuera de los Estados Unidos. Algunas escenas también se filmaron en Berlín, como la llegada del juez Haywood y su primer recorrido por una ciudad destruida. Haywood también visita el antiguo recinto de las reuniones políticas del Partido Nazi, donde había una enorme esvástica de piedra (Hakenkreuz) en lo alto del edificio central. Al comienzo de la película, se ve cómo los estadounidenses bombardean ese signo de la ignominia.

La película implementó el recurso de la cámara giratoria -que Laszlo ya había utilizado en The Hitler Gang (1944) de John Farrow- para obtener fluidez y evitar un ritmo lento y cierto aire “demasiado cerebral”, como destacó el director. Además, permitió la transición de la primera escena, donde los actores alemanes hablan en alemán con traductores al inglés, dando a entender que todo el juicio se desarrolla en el idioma del país, a la escena en la que los diálogos se escuchan en inglés como una licencia cinematográfica. “Comenzamos la escena de transición con Schell dirigiéndose al tribunal en alemán -explicaba Kramer-, y la cámara de Laszlo hizo un primer plano de él, luego giró hacia otro lado y después volvió a enfocar a Schell, de modo que pudimos cambiar su discurso del alemán al inglés con una cadencia perfecta al volver a enfocarlo. Su inglés fluyó del alemán con tanta naturalidad que casi se notaba”.
Juicio en Nuremberg incluyó como material documental imágenes reales filmadas por soldados estadounidenses y británicos tras la liberación de los campos de concentración. Las imágenes son exhibidas en el tribunal por el fiscal Lawson, visiblemente conmocionado ante las pilas de cadáveres desnudos dispuestos en filas y arrojados con excavadoras a grandes fosas, algo excepcional para una película del mainstream de la época. Kramer también insistió en las reflexiones sobre el rol de la sociedad civil en el apoyo a Hitler y en la verdadera dimensión de su conocimiento de lo que ocurría en los campos. ¿Hasta dónde llegaba la responsabilidad de los funcionarios judiciales? ¿Solo obedecían órdenes? Y de ser así, ¿era razonable que las cumplieran? ¿Sabían los ciudadanos lo que estaba sucediendo? ¿Podrían haber hecho algo para impedirlo? La mayoría de las preguntas no tiene respuestas fáciles, pero el monólogo del juez Haywood al final, de once minutos, pone al espectador ante esos interrogantes, quizás los mismos que él se plantea cuando conoce a la señora Bertholt y dialoga con ella más allá de sus prejuicios y certezas.

El estreno de la película fue sorpresivo para todos, consiguió un buen rendimiento en taquilla, nominaciones varias a los Oscar, y dos premios importantes, para Maximilian Schell como actor y para Abby Mann como guionista. Kramer se quedó con las manos vacías pese a estar nominado como productor y director. Pero la película sembró debates que aún no estaban planteados, sobre todo en un contexto como aquel en el que la Guerra Fría reconfiguraba las alianzas y las categorías de aliados y enemigos. Y Kramer evitó también convertir a sus compatriotas en héroes de una pieza cuando, preocupado por el golpe en Checoslovaquia, un general estadounidense se une a quienes animan a Haywood a priorizar la reconciliación sobre la justicia en nombre del patriotismo. Haywood declina esa concesión a la posición de Occidente en virtud de lo que considera es el valor de la justicia. Hace dos semanas se estrenó una nueva versión de aquella historia, de aquellos juicios. La coyuntura es otra, muchos más años han pasado. Pero quizás las discusiones que sea necesario darse sean las mismas, aquellas que vale la pena no olvidar para no repetir los errores del pasado.
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Encontraron decenas de autos abandonados en una fábrica con un particular origen en común
Una pareja creadora de contenido dedicada a explorar lugares abandonados, responsable del canal de YouTube Exploring the Unbeaten Path, se propuso un nuevo desafío al enterarse de la existencia de un galpón en Portugal repleto de autos clásicos japoneses abandonados, un verdadero tesoro para los fanáticos del mundo motor.
Fieles a su estilo, emprendieron la travesía sin conocer con exactitud la ubicación, lo que terminó complicando el viaje desde el inicio. Mientras se dirigían al lugar, el auto que manejaban quedó encajado en un camino de tierra, ya que no contaba con tracción en las cuatro ruedas.
Ante la imposibilidad de sacarlo por sus propios medios, decidieron caminar hasta un pueblo cercano para pedir ayuda. “Es la primera vez en mi vida que me quedo con el vehículo enterrado, y eso que manejé por todo el mundo. Esto es una pesadilla”, comentó entre risas el aventurero.
Luego de varios intentos, lograron sacar el auto del barro. Al día siguiente, retomaron la aventura y finalmente llegaron al destino que buscaban. Allí se encontraron con un galpón que, según pudieron observar, habría sido una antigua fábrica que intentaron remodelar, aunque el proyecto aparentemente no llegó a concretarse.

De hecho, en los alrededores ya se podían ver algunos vehículos abandonados, una primera señal de lo que iban a encontrar. Sin embargo, decidieron comenzar la exploración por las unidades que estaban resguardadas debajo de la estructura, donde el paso del tiempo parecía haberlas conservado un poco más.
Los autos clásicos más destacados que encontraron
En ese sector encontraron varias unidades antiguas de Toyota, en su mayoría correspondientes al Corolla 1200 que, según el creador de contenido, datan de la década del 70. Estaban cubiertos de polvo, con signos de óxido y prácticamente inmovilizados desde hace años.


Frente al icónico sedán de Toyota había un Honda, visto de frente, cuyo modelo no pudieron identificar con precisión. Sin embargo, por su diseño se asemeja al Civic de primera generación, un modelo que hasta el día de hoy se mantiene como un emblema de la marca y que también sería de la década del 70.

Luego de estos hallazgos, forzaron la puerta y accedieron al interior del galpón, donde encontraron aún más autos clásicos y terminaron de confirmar que se trataba de una antigua fábrica abandonada.
Según el explorador, la mayor parte de los vehículos encontrados eran japoneses y de la década del 70.

Uno de los modelos que logró reconocer fue una Toyota Corona de 1966, en este caso una versión pickup de caja simple. Este tipo de configuraciones eran comunes en la época, con una mecánica sencilla y robusta, pensadas para el trabajo y el uso utilitario, lo que explica su durabilidad incluso décadas después.



Respecto a otras marcas, también mostró el hallazgo de un Subaru FF-1, otro clásico de mismo origen que los anteriores, reconocido por ser uno de los primeros modelos de la marca con tracción delantera y por su diseño compacto característico de la época.

También, entre la multitud destacaba un Datsun B210 de 1973. Este modelo era conocido por su confiabilidad y bajo consumo, de hecho, fue uno de los exponentes más populares de la marca en esa época.


Por mencionar otra automotriz, también encontraron un Mitsubishi Colt Galant, un modelo que marcó los primeros pasos de la marca en su expansión internacional y que se destacó en su época por su diseño sencillo, mecánica confiable y enfoque práctico para el uso diario.


En cuanto a la colección, fue simplemente documentada para la realización del video. No fue informado si los vehículos tendrán algún destino en particular o si se buscará a sus dueños originales para la devolución.
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Tiene 22 años y es CEO: creó un sistema que detecta incendios forestales antes que la NASA y levantó US$2,7 millones
Aislado por la pandemia, Franco Rodríguez Viau miraba con profunda impotencia cómo los incendios en las sierras de Córdoba arrasaban con el ecosistema y las casas de sus seres queridos. En las aulas de la escuela técnica donde estudiaba junto a sus amigos decidió transformar esa frustración en una solución que hoy se llama “Satellites on Fire”, una startup climate-tech que acaba de levantar US$2,7 millones de fondos internacionales para expandir un sistema de inteligencia artificial que previene catástrofes detectando el fuego 35 minutos más rápido que la propia NASA.
A los 16 años, Rodríguez Viau, hoy con 22 años y convertido en el cofounder y CEO de la startup, junto a sus compañeros de la Escuela Técnica ORT, Joaquín Chamo [Tech & Product] y Ulises López Pacholczak [Innovation], no pensaban en rondas de inversión ni en fondos internacionales cuando se pusieron a la tarea de ejecutar un proyecto escolar en una herramienta para detectar incendios antes de que sea tarde. Buscaban una solución que pudiera dar respuestas a las familias afectadas por los focos en las diferentes zonas y provincias con un alto nivel de riesgo de incendio.
Tractores chinos en la Argentina: preocupación en la industria por los números de las importaciones
“Fue una sensación de impotencia muy fuerte. No podíamos hacer nada desde nuestras casas, pero queríamos intentar cambiar eso”, recordó Rodríguez Viau a LA NACION. Satellites on Fire acaba de cerrar una ronda de inversión por US$2,7 millones, liderada por Dalus Capital, con participación de Draper Associates, Vitamin C y Draper Cygnus VC, entre otros fondos.
El sistema que habían desarrollado en primera instancia detectaba incendios con imágenes satelitales, pero necesitaba perfeccionarse. Lo consiguieron con el paso del tiempo y a fuerza de prueba y error. “La información llegaba con entre tres y cinco días de demora. No queríamos que quedara en algo curricular, sino que pudiera llegar a impactar en la vida de las personas”, recordó.

Cuando lo presentaron ante organismos vinculados al manejo del fuego a nivel nacional, les dijeron que la información con esta demora no les servía porque necesitaban “detección temprana”. Lejos de abandonar la idea, el equipo hizo lo contrario: volvieron a empezar para perfeccionar el sistema. “Ahí entendimos que el problema era la detección temprana. Empezamos a hablar con cientos de personas y a reconstruir la solución desde cero”, contó.
Así decidieron no depender de la construcción de hardware propio —satélites o cámaras—, que resultaba costoso y difícil de escalar. En su lugar, diseñaron una plataforma basada íntegramente en software que nuclea información en tiempo real de múltiples fuentes: satélites de la NASA, la NOAA y la Agencia Espacial Europea, combinados con cámaras ópticas rotativas 360° en territorio y drones de sus propios clientes. Hoy el sistema detecta incendios, en promedio, 35 minutos antes que soluciones tradicionales como las de la NASA. “Somos una plataforma que nuclea toda esa tecnología sin depender del hardware propio, y eso nos permite crecer mucho más rápido”, afirmó.
El salto de proyecto a empresa no fue inmediato. El primer cliente pago llegó un año y medio después: un usuario en Córdoba que pagó unos $1000 por mes para monitorear su casa por los incendios que podían surgir alrededor. Luego llegó el primer gran contrato, con Forestal Argentina, la empresa más grande forestal del país con quien llevan cerca de cuatro años trabajando. El crecimiento se aceleró. Actualmente, la compañía tiene más de 55.000 usuarios a nivel global, bajo un modelo freemium, monitorea 41 millones de hectáreas y opera en 21 países, con foco en América Latina, pero presencia también en África, el sudeste asiático y pilotos en Estados Unidos.

Según resaltó Rodríguez Viau, hoy el modelo de negocio combina suscripciones mensuales o anuales para empresas forestales, energéticas, agrícolas, aseguradoras y gobiernos, que utilizan la plataforma para prevenir y responder a incendios. Para los jóvenes emprendedores, la tecnología es el núcleo del negocio. La plataforma integra información satelital cada cinco minutos, datos meteorológicos, cámaras en torres y reportes en territorio.
A partir de eso, desarrolla tres modelos de inteligencia artificial: uno para detección temprana, otro para identificar columnas de humo en cámaras y un tercero para predecir cómo se propagará el incendio. “Hoy no solo detectamos el fuego, sino que podemos anticipar hacia dónde va a avanzar”, explicó. Ese enfoque ya tuvo impacto concreto: en México, aseguró, lograron reducir a cero la tasa de mortalidad de brigadistas al mejorar la información disponible para atacar incendios.
A diferencia de otros jugadores del mercado, que desarrollan sus propios satélites o infraestructura, Satellites on Fire optó por ser una plataforma de software que integra tecnologías existentes. Eso le permitió escalar más rápido y con menores costos en un mercado donde, según el propio Rodríguez Viau, “cada vez hay más competidores lanzando satélites, pero con modelos difíciles de sostener”.

La validación llegó también del lado de los inversores. “Es un ejemplo perfecto de cómo el talento latinoamericano está creando soluciones de IA de clase mundial para enfrentar el cambio climático”, destacó Diego Serebrisky, managing partner de Dalus Capital.
El crecimiento del proyecto de los jóvenes emprendedores fue acelerado. Hace un año y medio tenían solo tres clientes en la Argentina. Hoy superan los 30 en distintos países y sectores. En 2025 su sistema ayudó a dar respuesta a más de 600 incendios forestales.
Antes de esta ronda, ya habían levantado US$900.000 con inversores como Naciones Unidas, MIT de Massachusetts, Cornell University y el fundador de Reddit, Alexis Ohanian. Con el nuevo financiamiento, la empresa planea mejorar sus modelos de inteligencia artificial, avanzar en seguros paramétricos contra incendios junto a AON en América Latina y expandirse en Estados Unidos.

“Lo más difícil fue empezar sin conocimiento específico y tener que aprender de todo: finanzas, legales, ventas, producto”, reconoció el joven. A eso se sumó otro obstáculo: la edad. Presentarse con 17 años ante grandes empresas o instituciones no siempre generaba confianza. “En general se confía más en alguien con experiencia. Eso fue un desafío grande”, admitió. Hoy, está al frente de un equipo de 23 personas, lidera una de las apuestas de climate-tech más prometedoras de la región, demostrando que la rentabilidad, la inversión de alto nivel y el impacto social urgente pueden sentarse en la misma mesa.
Para Franco Rodríguez Viau, la visión de largo plazo es integral. En un horizonte de cinco años proyecta que la empresa no solo abarque la prevención, detección y monitoreo, sino también el ataque directo: “Nos vemos integrando drones para apagar incendios de forma automática, para que hagan la contención inicial y poder reducir las pérdidas catastróficas”.

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Una automotriz baja el precio de tres de sus autos, congela el resto y los vende en cuotas y a tasa 0
En un mercado automotor que registró cifras positivas en los patentamientos de marzo, algunas marcas comenzaron a ajustar sus estrategias comerciales para sostener la demanda. En ese contexto, Honda decidió mantener congelados los precios de sus modelos y conservar los valores promocionales en tres de sus vehículos.
La decisión se da en un escenario en el que los patentamientos de 0km alcanzaron las 48.972 unidades en marzo, lo que representó una suba del 16,53% respecto de febrero y un incremento interanual del 3,87%, según datos de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara).
Subastan un Audi A7 a un precio irrisorio: las condiciones
A pesar de las cifras del mes pasado, en el acumulado del primer trimestre muestra cierta estabilidad, con 157.078 unidades, registra una leve caída del 1,24% frente al mismo período de 2025.
Dentro de este panorama, Honda se ubicó en el puesto 15 entre las marcas más vendidas del país, con 537 unidades patentadas en marzo y una participación de mercado del 1,2%.

La estrategia comercial de la automotriz se apoya en mantener precios competitivos en tres modelos que funcionan como referentes dentro de su gama:
- Civic Advanced Hybrid: conserva su precio promocional de US$49.900, frente a un valor de lista de US$54.000, en línea con lo ofrecido durante marzo.
- CR-V EXL AWD: presenta un precio promocional de US$65.800, por debajo de los US$70.800 oficiales, ampliando el descuento respecto al mes anterior.
- CR-V Advanced Hybrid: introduce un valor promocional de US$69.900, frente a los US$74.900 de lista.

A la política de precios se suma una herramienta clave para dinamizar las ventas, ya que la automotriz mantiene una línea de financiación a tasa 0% a 12 meses en pesos, disponible a través del banco Santander para la compra de unidades 0km.
En paralelo, la marca sostiene sin cambios el resto de su gama, cuyos valores vigentes en abril son los siguientes:
- WR-V EXL CVT: $42.490.000
- HR-V LX CVT: $45.890.000
- HR-V EXL CVT: $51.240.000
- ZR-V Touring CVT: $59.990.000
- CR-V EXL AWD CVT: US$70.800 (con la promoción figura a US$65.800)
- CR-V Advanced Hybrid: US$74.900 (con la promoción figura a US$69.900)
- Civic Advanced Hybrid: US$54.000 (con la promoción figura a US$49.900)
- Accord Advanced Hybrid: US$70.500

El congelamiento de precios y la continuidad de promociones aparecen como una respuesta a un mercado cada vez más competitivo, donde la mayor oferta —impulsada en parte por la apertura importadora y la llegada de nuevas marcas— presiona sobre los valores y obliga a las terminales a reforzar sus propuestas comerciales.
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Un nuevo estado de gracia
Abuelo. Una palabra fuerte, temida o emocionante según el momento. No conocí a ninguno de los míos. Andrés Cortina Escalza murió en 1953 en La Rasa, Galicia. José Antonio Fernández Vega de la Vega fue fusilado por la dictadura franquista en 1942. Mi abuela Julia Lángara nunca se fue de España y se fue al otro barrio en 1975. María Alonso Araujo, Maruja para nosotros, madre de mi madre, fue la única que conocimos. Tras la pérdida de su marido, decidió venir a estas orillas en el 51 con sus hijos e hijas menores.
Su casa, un departamento de pasillo con dos habitaciones en el barrio de Flores, fue nuestro hogar desde que mis padres y mis hermanos llegaron a la Argentina. Allí nací y allí vivimos con Maruja hasta que cumplí los seis. La convivencia se estaba haciendo difícil. Era una mujer dura, podía ser cariñosa con los nietos, pero también muy rígida, y el trato con los adolescentes se empezaba a complicar. Pero también nos mimaba.
“¡Ay, ay, ay, ay, qué trabajo nos manda el Señor! ¡Levantarse y volverse a agachar!”, canturreaba los versos de “Las espigadoras”, parte de una antigua zarzuela, mientras limpiaba la casa o, en el verano, en la playa, cuando limpiaba el pescado que traía mi padre del muelle. En 1974 regresó a España con la familia de su hija menor y ya no la vimos.
Tuve muy poco tiempo para observar a mi padre como abuelo. Solo llegó a conocer a su primer nieto, hijo de mi hermano mayor, y partió cuando el niño solo tenía tres años. Yo era poco más que un adolescente y el Vasco no se caracterizaba por expresar el afecto. Sí podía adivinar el brillo de sus ojos cuando Martín aparecía en casa.
Sí disfruté mucho de mi madre y mi suegra como abuelas. Las vi en acción innumerables veces y, en general, puedo decir que casi siempre se olvidaban del rigor que practicaron como madres para derretirse de amor frente a sus nietos y nietas. En general, cualquiera de las dos podía arrancar el encuentro con un pretendido sermón: “¡No hagan eso!”, “¡no se levanten de la mesa hasta no terminar la comida!”. Bien por aceptar nuestras pautas diferentes, o bien por dejarse llevar por las criaturas, acababan por entregarse al disfrute. Las vimos tirarse al suelo con muñecos, abrir un paraguas en el centro del living para jugar “a la lluvia” o dejar que una de sus nietas se metiera en su cama a la noche.
Hay lecciones de la vida que no están en ningún manual. Me corrijo: no hay reglas que uno pueda aplicar como si fueran cuentas exactas, aunque sí sabemos que hay pautas que se van aprendiendo a veces porque nos las enseñan de modo explícito, casi siempre porque nos llegan sin palabras.
Entonces, ¿dónde se da el curso para aprender a ser abuelo? Sospecho que en ningún lado. Lo he visto, me imagino que debe ser emocionante, pero, como en tantas experiencias, otra cosa es cuando se da. “¡Estoy embarazada!”, casi gritó mi hija mayor en medio de una reunión familiar con su pareja, sus hermanos y, claro, sus padres. Lo que siguió hasta hoy es que no pasa un día sin que imaginemos ese momento. Todos los bebés y niños que cruzamos por la calle se transforman en nuestro futuro, en las redes y en la vida real no vemos otra cosa que ropa, juguetes y utensilios para esa vida que se está gestando.
A veces puedo parecer egoísta. ¿Abuelo, yo? ¿A esta edad? Nuestros hijos ya son adultos y nos acostumbramos a hacer y deshacer planes a nuestro gusto. ¿Qué cosas van a cambiar? Seguramente muchas. Pero para bien, concluyo, cuando me imagino, me pienso en esos juegos, esos paseos y, sobre todo, esos abrazos. “Nunca sentí esta alegría. Es indescriptible, muy distinto a cuando uno tiene sus propios hijos, ya vas a ver”, me contó un amigo que acaba de entrar en este estado de gracia. No falta mucho para que nos encontremos.
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